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Depresión Espiritual

sábado, 14 de noviembre del 2009 a las 21:30
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(Tomado de proyecto Ana)

La depresión no está sólo en tu mente.

No es una enfermedad inventada. No es pereza o tristes sentimientos por un par de días. No es una tensión pre-menstrual o estrés y por cierto, no significa que eres rechazada o abandonada por Dios.

Si la depresión estuviese ligada a un pecado específico tú lo sabrías, como por ejemplo: engañar al esposo.

La Biblia no usa la palabra depresión aunque describe a personas que podríamos llamar deprimidas. Ciertamente, no menciona drogas ni antidepresivos sin embargo tenemos unos pocos principios que nos gustaría recomendarte para cuando luches con la depresión.

En primer lugar trata de luchar con las causas de la depresión, no sólo sobre los síntomas. La Biblia nos dice que las consecuencias del pecado o los conflictos pueden afectar nuestras emociones. La mayoría de los consejeros están de acuerdo en que la depresión puede ser resultado de otros asuntos escondidos.

No te preocupes tanto por la depresión en sí misma sino examina, investiga para ver cuales otros problemas necesitan tu atención y ser resueltos.

En segundo lugar debes aprender que no puedes basar tu vida en tus emociones. Como cristianas basamos nuestras vidas en la verdad, no en los sentimientos.

La Biblia en Filipenses 4:1 nos dice que nos regocijemos, ya sea que lo sintamos o no.

En Santiago 1:2 nos dice: “Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas”. Santiago no nos dice que sintamos gozo, sino que pensemos nuestra situación como una oportunidad donde poder tener gozo. Elegir confiar en la verdad de Dios más que en nuestros sentimientos puede requerir mucha fe, pero confiar en lo que Dios nos dice más bien que en nuestros sentimientos ciertamente es una aproximación más realista a la vida.

En tercer lugar, presta atención a los consejos de Dios.

Muchas personas hablan acerca de la fe y sólo se refieren a una vaga esperanza que Dios de alguna manera les ayudará.

Muchas de esas personas que insisten tener fe se hunden en la vida ignorando los principios para una vida saludable.

Si rechazamos los consejos de Dios que están en la Biblia no escaparemos de las consecuencias aún si tenemos fe.

Te queremos sugerir algunos pasos para prevenir la depresión.

  • En primer lugar, evita estar sola. Busca estar con gente
  • Busca ayuda de otros. Comunícate con líderes espirituales, amigos cristianos maduros. Habla con un psicólogo o con un médico, es decir, no te quedes, busca ayuda.
  • Canta y escucha música. La música es excelente terapia, puede levantar tu espíritu caído.
  • En cuarto lugar se agradecida la Biblia dice, dar gracias en todo porque esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús para ti.
  • Confiar en el poder de la palabra de Dios.
  • Descansa confiadamente en la presencia del espíritu de Dios. En el Salmo 42 leemos: “Espera en Dios, porque aún he de alabarle. Salvación mía y Dios mío”.

Si estás sintiendo síntomas o te estás sintiendo deprimida pon tu esperanza en Dios.

El salmista escribió “¿Por qué te abates oh alma mía y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque en Dios está tu fuerza”.

Si te sientes deprimida, te puedes levantar de la depresión. La palabra levantarse significa “ponerse en pie, surgir, subir, despertarse de una mentira” y esa mentira es estar doblegada frente a la depresión.

Yo se que vas a estar tentada de que no puedes y seguramente así sea, que no puedas hacerlo por ti misma pero puedo asegurarte que sin duda alguna Jesús puede sacarte del lugar en que estás y ayudarte a levantarte a una nueva vida. Dios quiere sacarte de la depresión.

La esperanza es un trampolín a la recuperación.

Aún si usas medicamentos que te ayudan no olvides incluir la verdadera medicina de Dios. Su verdad hace toda la diferencia. Él tiene un perfecto plan para sanarte a ti.

Evolución de la idea de Dios en la Biblia

sábado, 14 de noviembre del 2009 a las 21:14
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Evolución de la idea de Dios en la Biblia

(Tomado de Tierra Firme)

Parafraseando a Salomón en los Proverbios podríamos decir que la idea de Dios en la Biblia, desde el primero al último libro, “va en aumento hasta que el día es perfecto” Por lo menos si entendemos por perfecto a lo que se adapta acabadamente a nuestras necesidades.

El Dios de la Biblia se revela, avanza sobre la realidad de los hombres mostrándose progresivamente, teniendo en cuenta la mentalidad de cada época.

En el pensamiento mítico el hombre proyecta en el más allá una divinidad y luego se esfuerza, a través del rito, por hacer que la divinidad se ponga a su servicio. Tal vez sean los griegos el ejemplo más conocido para nosotros: Sus dioses eran proyecciones de ellos mismos: Caprichosos, viciosos, imperfectos, sacudidos por las pasiones. A través del rito se trataba de volverlos propicios a los ofrendantes.

Por el contrario, en la Biblia es Dios quien interpela al hombre, y este le responde. El rito es la respuesta del hombre a un Dios que está presente y no está callado. 

Pero aún así, el camino no está exento de problemas: ¿Cómo puede el hombre cuya mente está ligada a lo material, entender a Dios que es Espíritu? ¿Cómo puede el hombre, limitado en tiempo  y espacio entender al Dios eterno e infinito? ¿Cómo puede el hombre imperfecto  y pecador, entender al perfecto y santo Dios?

Spurgeon, uno de los grandes pensadores protestantes del siglo pasado, decía:

Es un tema tan vasto que todos nuestros pensamientos se pierden en su inmensidad; tan profundo que nuestro orgullo se hunde en su infinitud. Cuando se trata de otros temas podemos abarcarlos y enfrentarlos... Pero cuando nos damos con esta ciencia por excelencia descubrimos que nuestra plomada no pude sondear su profundidad, que nuestro ojo de águila no puede percibir su altura... Ningún tema de contemplación tenderá a humillar a la mente en mayor medida que los pensamientos de Dios.

En la sociedad patriarcal del Génesis Dios va asomando lentamente en el horizonte de los hombres. La limitada capacidad de estas sociedades primitivas hacía que Jehová fuera el Dios del clan o de la tribu. Y el gran problema era diferenciarlo de los falsos dioses que patrocinaban a otros pueblos vecinos, mostrar la singularidad de un dios que existe, tiene una personalidad y un carácter definido, y que, en consecuencia, tiene demandas éticas para su criatura.

Pero es en el Éxodo cuando Dios extiende su carta de presentación a la nación hebrea. Interrogado por Moisés acerca de su nombre dice lacónicamente: “Yo soy el que soy”.

En la definición se halla implícita la diferencia con los dioses que adoraban lo egipcios y demás pueblos conocidos: Dios no era una proyección del hombre, era enteramente otro, con personalidad y carácter definido. Dios deja establecida su singularidad y sobre ella va a funcionar el monoteísmo de su pueblo.

Rápidamente, y antes de darles la libertad, muestra su poder por encima de los “otros dioses”. Cada una de las diez plagas que caen sobre Egipto ataca a uno de los dioses protectores del imperio, culminando sobre el deificado primogénito del faraón.

Dios se muestra como el todopoderoso que doblega las fuerzas naturales y espirituales.

Pero instalados en el desierto el carácter moral de Dios se manifiesta en el Monte Sinaí con los Diez Mandamientos: Allí se caracteriza como el Dios justo y amante de la justicia. Como un Dios exclusivo y excluyente (“No tendrás dioses ajenos delante de mi”), espiritual (“No te harás imagen ni ninguna semejanza), celoso de su honra (“No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano”).

Las taxativas prohibiciones (protectoras de la vida, los bienes, la familia, etc.) van mostrando la rectitud de Dios y las demandas que esta rectitud tiene sobre las criaturas.

Pero es en el último de los mandamientos, el referido a la codicia, donde muestra su poder inquisidor sobre el alma humana. Demanda una pureza que no solo sea exterior, sino interior. Pureza de corazón.

Estos mandamientos no aparecen como sugerencias u opciones de conducta, sino como imposiciones. Su trasgresión hace pasible del castigo.

Sin embargo la imagen del “Dios castigador” o de “la cara oscura de Dios en el Antiguo Testamento” está desmentida por la inmediata instalación del ritual: Un templo portátil que grafica en forma audiovisual la relación del hombre con Dios.

El Dios espiritual y eterno está separado del hombre, su gloria mora en el “Santo de los Santos”, lugar inaccesible para los mortales. Pero esa morada está en medio de su pueblo. Dios está moralmente separado del mal, pero quiere estar con ellos.

Y cuando algún israelita siente el peso de su culpa la asume llevando un cordero al sacrificio. Porque Dios se presenta como  misericordioso y clemente. Es el Dios justo y exigente, pero perdonador.

Esta es una de las grandes diferencias con los griegos que, concientes de la culpa, se exculpaban descargando la responsabilidad sobre los dioses. La falta de respuesta al problema de la culpa hace decir a Esquilo en “Niove”: “Dios engendra en los mortales la culpa cuando quiere detruír totalmente a una familia”.

Por el contrario, los hebreos podían acceder de ordinario a la expiación de las culpas personales.

Una vez al año, el Sumo Sacerdote se presenta en el “Santo de los Santos” para hacer expiación con un sacrificio por el pecado del pueblo y deja la sangre sobre el arca del pacto, único mueble del lugar. El pecado ha sido pagado por la sustitución del cordero. Dios se muestra como el Redentor de su pueblo.

Por supuesto que todo esto era la graficación de algo que todavía estaba en el misterio. ¿Comprendían esto los oferentes? ¿Se darían cuenta que la muerte de un animal no sirve para expiar la culpa de los hombres? Seguramente la mayoría no tenía tal penetración. Sin embargo David, en el salmo penitencial, dice:

Pues tú no quieres ofrendas ni holocaustos;
yo te los daría, pero no es lo que te agrada.
Las ofrendas a Dios son un espíritu  dolido;
¡tú no desprecias, oh Dios, un corazón hecho pedazos!

 La fina percepción espiritual de David le hace ver que no está todo dicho. Que todavía hay mucho por conocer sobre Dios.

Pero el camino está preparado y cuando Juan el Bautista presenta a Jesucristo como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, lo que era una figura toma realidad, y el corazón del hombre está preparado para recibirlo.

El mismo proceso de ir asomando progresivamente es el que sigue Jesucristo con sus discípulos. Va mostrando su poder y sus demandas hasta que, pocos meses antes de ir a la cruz, los confronta en Cesarea de Filipo: “¿Quién dicen los hombres que soy?” “¿Quién decís vosotros que soy?”. Cuando Pedro lo declara como el Cristo, Hijo del Dios viviente, entonces sigue la revelación y les habla de la cruz. Pero es en el aposento alto, ya frente a la sombra del sacrificio, donde ante la demanda de Felipe: “Muéstranos al Padre...”, le responde: “El que ha visto a mi, ha visto al Padre”.

Parecería que con la revelación de Jesucristo llegamos a la perfección del conocimiento de Dios: Nada nos queda por conocer porque hemos penetrado en el corazón mismo de Dios.

Pero nos preguntamos: ¿Es verdaderamente así?

El Apóstol San Pablo escribe a los Gálatas:

Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses;  mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios...Gálatas 4,8-9
A los filipenses les dice que milita: “a fin de conocerle...”

El conocimiento de Dios sigue siendo insondable. Cuando creemos que estamos en la profundidad, todavía estamos en la superficie. Sin embargo tenemos la certeza de ser conocidos y de conocer lo que necesitamos conocer.

Para los hombre de fe queda siempre en pie la esperanza: En la eternidad “entonces conoceré como soy conocido”.

Concluyamos con las palabras de Jeremías:

“Que no se enorgullezca el sabio de ser sabio,
ni el poderoso de su poder,
ni el rico de su riqueza.
Si alguien se quiere enorgullecer,
que se enorgullezca de conocerme,
de saber que yo soy el Señor,
que actúo en la tierra con amor, justicia y rectitud,
pues eso es lo que a mí me agrada.
Yo, el Señor, lo afirmo.”

Salvador Dellutri

La Palabra de Dios

sábado, 14 de noviembre del 2009 a las 19:48
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Salmo 19:7-10 RV60

7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma;
    El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.

8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón;
    El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.

9 El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre;
    Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.

10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado;
    Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.

Esta semana empezamos con mucha dedicación el estudio de la Palabra de Dios y nos hemos llenado de una pasión muy especial por estudiarla todos los días temprano. Es nuestro deseo estar cada día mas abiertos a la palabra de Dios, por esto recordaba hoy este Salmo, es muy significativo en cuanto lo que es la Palabra de Dios. Es mi primer mensaje en este blog, espero les guste y examinen su vida, si realmente la palabra mora en abundancia en sus vidas.

 Recordemos esto “Rom 10:17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

Comentario Bíblico Mundo Hispano Salmos

"Esta estrofa es un lindo poema sapiencial sobre la revelación de Dios. Se usa una serie de vocablos que se refieren a la palabra de Dios. En los vv. 7–9 todos los adjetivos son pasivos, describen qué es la Palabra de Dios (es perfecta, es fiel, etc.) y todos los verbos son de voz activa, dicen qué hace la Palabra de Dios (restaura el alma, hace sabio al ingenuo, etc.).

La ley de Jehovah (v. 7). La torah (8451) no se limita a leyes sino a toda la revelación de Dios en su Palabra. Nuestra actitud hacia la voluntad de Dios debe ser la misma: es perfecta y es efectiva, pues restaura el alma o la vida. Lit. dice, “hacer volver” que se puede traducir “restaurar” o “convertir”. Millones de personas a través de los siglos pueden testificar al hecho que la Palabra de Dios ciertamente les ha convertido y les sigue restaurando.

El testimonio ... hace sabio al ingenuo. El testimonio ( edot 5715) a menudo se usa: como un sinónimo a torah en los Salmos. Las dos tablas de la ley eran llamadas edot. La ética bíblica es específica, así da dirección y estabilidad a la vida. Hace sabio al ingenuo. El ingenuo aquí es uno sin discernimiento; está fácilmente influido por cualquier opinión. La Palabra de Dios cambia esa situación, pues le da discernimiento, le hace más sabio.

Los preceptos (v. 8). Preceptos (piqudim 6490) conlleva la connotación de “ordenar”. Se usa mucho como otro sinónimo de torah. Son rectos. La misma palabra se usaba, en otros pueblos, del dios sol. Alegran el corazón. La instrucción de Dios, la ética bíblica, debe hacernos felices. Da gozo porque dirige a un camino derecho.

El mandamiento (v. 8). La palabra mitsvah (4687) tiene que ver con estatutos. Otra vez la palabra traducida “puro” es una palabra usada por adoradores del dios Sol. Alumbra los ojos. Habla de la luz de salud (Prov. 6:23).

El temor de Jehovah (v. 9). Según Proverbios el temor de Jehovah es el principio de la sabiduría, es la base. No es un terror de Dios; es una reverencia, una relación personal, una perspectiva de la vida que toma en serio la voluntad de Dios. Es limpio. La misma palabra se usaba en el antiguo Cercano Oriente para hablar del dios sol. En el Salmo 119:9 y 11 se ve el poder purificador de la Palabra de Dios. Si esta perspectiva o estilo de vida permanece, da estabilidad a la vida de uno.

Los juicios de Jehovah (v. 9). Los juicios (mishpatim 4941) de Dios son verdad, no son caprichosos. Dios hace lo correcto y lo apropiado. De modo que podemos confiar en que él harálo correcto en nuestra vida.

Son más deseables que el oro (v. 10). ¿Qué son más deseables? Debe referirse a los juicios de Jehovah del v. 9, pero también el autor debe tener en mente toda la Palabra de Dios que ha estado describiendo. Aquí se nos presenta una cuestión de prioridades. ¿Qué tiene prioridad en nuestras vidas?

O quizá mejor será hacer la pregunta: ¿Qué es necesario para que la Palabra de Dios sea así para nosotros? Primero veamos el lado negativo; las cosas que lo impiden: el pecado, el apuro, los prejuicios, una crisis emocional, las preocupaciones, un acercamiento mecánico a las Escrituras, conclusiones críticas que niegan la obra de Dios. Todas estas cosas pueden hacer que la Palabra de Dios no sea dulce y deseable a nosotros. Por el lado positivo, lo que produce esta misma actitud del salmista en nosotros es la relación con Cristo, el Espíritu Santo en nuestra vida, una mente abierta a Dios, la confianza en Dios. También ayuda variar los métodos de estudiar la Biblia. Si la Palabra de Dios se nos presenta como algo seco, sin gusto, debemos examinarnos y ver por qué."

 

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